Una mañana muy temprano un maestro se enrumbaba a su escuelita,
caminando por unos lugares desolados y cuesta a la cima de la imponente cordillera
negra. No alcanzaba ver más que la punta de sus pies por la espesa neblina que
subía de la costa.
Cuando a lo lejos llegaba a escuchar unos pasos que se sentían cada vez mucho más fuerte. El maestro se dijo será un lugareño y dialogaremos un poco y a sí descansare.
Cuando de pronto llegó a divisar una silueta de una dama que agachaba la cabeza con temor y antes de saludarla observo que esta mujer no tenía rostro era como si el temor le consumiera por dentro y de un salto brinco la cerca y sin voltear atrás comenzó a corre como un loco sin importarle las espinas y lo agreste de dicha cima.
Después de correr por minutos llegó a una cabañita donde el maestro sin aliento relato lo sucedido a un lugareño, y quien muy sorprendido le conto la historia de dicha señorita que muy pequeña sufrió de la enfermedad cutánea llamada Uta.
Finalmente el maestro busco a la señorita y se disculpo por el incidente.
Cuando a lo lejos llegaba a escuchar unos pasos que se sentían cada vez mucho más fuerte. El maestro se dijo será un lugareño y dialogaremos un poco y a sí descansare.
Cuando de pronto llegó a divisar una silueta de una dama que agachaba la cabeza con temor y antes de saludarla observo que esta mujer no tenía rostro era como si el temor le consumiera por dentro y de un salto brinco la cerca y sin voltear atrás comenzó a corre como un loco sin importarle las espinas y lo agreste de dicha cima.
Después de correr por minutos llegó a una cabañita donde el maestro sin aliento relato lo sucedido a un lugareño, y quien muy sorprendido le conto la historia de dicha señorita que muy pequeña sufrió de la enfermedad cutánea llamada Uta.
Finalmente el maestro busco a la señorita y se disculpo por el incidente.
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